Ana es uruguaya, llegó a Estados Unidos hace más de veinte años. Hija única de un hombre napolitano y una mujer adinerada. Su madre, Aida, es originaria de Montevideo y es una mujer que siempre estuvo acostumbrada a tenerlo todo tanto así que ni en los momentos más austeros del país, dejó de exigir lo mejor.
La educación de Ana estuvo a cargo de un internado y cuando ésta cumplió dieciocho años, se fue a vivir con una tía, cerca de Montevideo. Ahí conoció a un joven músico del que se hizo novia, él quería irse a Argentina a probar suerte pero también quería quedarse con Ana. Pero la madre de Ana, pensando que él era poca cosa para su hija, decidió alejarlo de ella. Un buen día, le ofreció un boleto de avión sin regreso para Argentina a cambio de no volver a buscar a Ana, y lo hizo con conocimiento de causa pues sabía que los deseos del chico por irse al país vecino, superarían el supuesto amor por la joven. Así fue como Ana vió irse a su primer amor, o al menos asi lo cuenta. Años después, ya viviendo en Estados Unidos, Ana reconocería la cara de aquel joven al ver "Sabado Gigante" la tele en uno de sus rincones favoritos en D.C., Sergio Facheli era el nombre...
España fue el siguiente destino de Ana, quiso seguir los pasos de una amiga y probar suerte allá, sin más información sin más expectativas que llegar a Madrid. Se fue con la amiga y la misma amiga se desapareció al llegar a Madrid, lo único que le dejó por casualidad fue el nombre de su hermana que al parecer vivía allá. Ana, en su desesperación, recordó el nombre, lo busco en los directorios y llegó a su casa. Se quedó ahí por un tiempo, y para tener derecho a un cuarto tenía que limpiar, recoger, lavar y trapear la casa. Cuando no soportó más, Ana salió a buscar trabajo, sin ninguna referencia, sin ninguna experiencia más que la de asistir a su madre en el salón de belleza que esta tenía en Montevideo. Con esa misma experiencia obtuvo su primer trabajo, empezó a sobrevivir sola y a escribir su historia fuera de casa.
Conoció a su primer esposo a los diecinueve, un piloto del ejército de EU que había hecho parada en Madrid... se enamoraron y se casaron en Marruecos, de ahí se trajo a Ana a vivir a Estados Unidos, directamente a Kansas. Ana se embarazó y tuvo a Natalia y poco tiempo después, se divorció de su marido. Se volvió a casar con otro estadounidense, también perteneciente al ejército y con el que viajaba a todo aquel país que en el que EU tuviera bases aéreas... buena vida se dio, se embarazó de nuevo, esta vez tuvo a Melissa, su matrimonio duró más tiempo pero de nuevo, terminó en divorcio.
Ambos ex-maridos le pelearon la patria potestad de sus hijas con el argumento que Ana no tenía los recursos para educarlas ni mantenerlas. Natalia estudió en una escuela privada en Virginia ya que debido a un supuesto retraso, no podía asistir a una escuela pública como la mayor parte de la gente. Melissa, también asistió a escuelas privadas... ellas no crecieron juntas, incluso no parecen hermanas, lo que se refleja en su relación fría y de constante pelea. Ellas tampoco crecieron con su madre, lo que también explica su poco entendimiento y convivencia.
Ana trabajaba en la corte, pero también armaba vitrinas en las grandes tiendas departamentales como Macy's o en tiendas de marcas como Banana Republic, Gap, Loft... tuvo una boutique en D.C., un bar en Adam´s Morgan...y casi todo lo perdió. Conservó un trabajo, el de vender ropa por su parte...ropa de marca que obtiene por subasta al armar sus vitrinas. Terminó a sus cincuenta y tantos años, sin ser dueña de nada, manteniendo a su madre de ochenta años que vive en Uruguay, usando su depa como boutique y teniendo que compartir su depa con algún roomie despistado, con estancia temporal en D.C. y necesitado de un lugar céntrico, barato y previamente amueblado.
Ana es paranoica, egoísta y ensimismada. Pero a la vez tiene una parte noble que la hace comprar kilos de pollo, carne de cerdo, fruta y vegetales, para cocinar y regalar a quien la visita... aunque ella, como buena uruguaya no coma otra cosa que carne de res, pan y arroz. Dice tener muchos amigos, gente que se preocupa por ella, pero a la vez, se siente sola y fracasada...se ve en su cara, el cansancio, el hartazgo, el complot del mundo contra ella.
Como todos en algún momento de nuestra vida, Ana quiere sentirse querida y por eso, quiere proteger a quien le parece estar desprotegido...rechaza cualquier señal de cariño hacia ella pero al mismo tiempo, quiere que la acompañen y que la escuchen...digamos que prefiere un trato que no sea recíproco sino donde la energía fluya única y exlusivamente hacia ella. Locuras uruguayas en definitiva.
Sí, Ana es mi roomie y llevo casi cuatro meses compartiendo depa con ella. Me dirán que qué ganas de toparme con estos personajazos (como Nancy, mi casera anterior)...me cuestionarán sobre qué necesidad de esta convivencia. No lo sé... tal vez son personas con las que me he tenido que topar...tal vez es parte de la experiencia de estar aqui y tal vez, es tiempo de darme tiempo y ajustarme a algo que responda a mis necesidades y expectativas. En fin, esta mujer me ha dado mucho de qué hablar, pensar, escribir, quejarme y comprender. Cuando tienes que romper una barrera cultural, es complicado el proceso de adaptación... podemos pensar que rebasar la barrera con una cultura similar a la tuya es más sencillo. Sin embargo, hay más factores que influyen como la educación, las experiencias de vida, el entorno...Nunca pensé que podría llevarla mejor con una señora gringa de sesenta y siete años que con una uruguaya de cuarenta o cincuenta y tantos...
increíble?
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