
Muchas veces nosotros mismos nos creamos barreras, cerramos puertas pero también aprendemos a abrirlas.
A mediados de septiembre, cada uno de nosotros decidimos abrir una puerta a la posibilidad de realizar algo aparentemente imposible.
Si no mal recuerdo, la irreverencia de Chucho nos llevó en este camino que poco a poco fuimos tomando en serio pero que también poco a poco, comenzó a darnos miedo. En lo personal, poco me faltó para tirar la toalla… y una disculpa si a alguno le contagié el sentimiento.
Sin embargo, después de confrontarnos y preguntarnos si eramos capaces de lograrlo, creo que cada quién asumió esta carrera como un reto personal seguramente motivado por razones distintas que al final del día, nos llevaron directo a la meta.
Les puedo decir que mi gran momento fue ver el Kilómetro 9 y darme cuenta de que un último esfuerzo valía la pena para llegar a lo que yo pensaba era imposible, por eso, cuando ví de cerca la meta y crucé, no pude hacer otra cosa que levantar los brazos y llorar.
A todo esto…
Gracias por involucrarme en esta locura que terminó siendo una gran realidad.
Gracias por sacarme de mi rutina y hacerme entender que no me debo rendir.
Gracias por acompañarme a la meta no para ser la primera sino para aprender a llegar.

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